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De triunfos y derrotas

4.6.26


Que la vida nos defraude no significa que debamos extraviar el pensamiento. La decepción hiere, rompe expectativas, empobrece la fe en ciertas cosas, pero no tendría por qué obligarnos a confundir la lucidez con la derrota. Hay desengaños que no salvan pero enseñan; no reparan pero dejan una claridad que antes no poseíamos. Tal vez por eso incluso una desilusión conserve algún valor aunque ya no sea para quien la sufrió. Puede valer como advertencia, como experiencia transmitida, como resto de verdad útil para otra persona. Hay fracasos que no redimen a quien los padece pero sí dejan un conocimiento que no debería perderse. La desilusión no siempre nos salva aunque a veces salva una verdad.


Derrelictos

23.5.26


La desolación enseña el camino con una lucidez cruel: es siempre la primera en mostrarnos dónde empieza el abismo.



Punición

8.12.23


La lucidez es una condena a conciencia perpetua.




Antígenos

12.4.21



El autoengaño es una vacuna contra la lucidez.



Ensayo sobre la lucidez

9.7.20



A veces me froto la ceguera para saber que no veo nada.



Testeados

27.5.20



La lucidez hiere y su dolor da la conciencia de estar vivos.



Lucidez

2.10.19



A veces hay que tener la suficiente inteligencia como para desconocer aquello que nos duela. 



Causticidades

23.2.18



Hay que abandonar cualquier corrosión del pensamiento. La lucidez contra todo abatimiento.




Petulancia

30.4.11



«Para mí, buscar la sencillez y lucidez es un deber moral de todos los intelectuales; la falta de claridad es un pecado y la presunción un crimen», expresó el filósofo Karl Popper.
Hilvanar ese discurso en el vestido de la práctica es el ejercicio a cual, con más esmero, me gusta dedicarme aunque esté extramuros del grupo de eruditos y doctos, siempre seducido por lo sencillo y lo lúcido.